
Por su parte, el llamado
tratamiento no farmacológico abarca una gran variedad de técnicas cognitivas,
físicas y sociales que busca estimular las capacidades preservadas, de forma
que éstas permanezcan durante más tiempo. Por lo tanto, cuando hablamos
de tratamiento para enfermedad de Alzheimer, deberíamos entender de forma
automática ambas vertientes, pues nunca son excluyentes, sino que son formas
complementarias de abordar un problema con la sensibilidad de conseguir una
mayor calidad de vida para el propio enfermo o enferma y para la familia que le
cuida. Realmente cuando hablamos de
tratamiento no farmacológico o terapias blandas, ¿qué queremos decir?. En realidad estamos
basándonos en las técnicas de estimulación cognitiva para favorecer el mantenimiento
de las capacidades preservadas.
Los fundamentos básicos de la
estimulación cognitiva son:
Neuroplasticidad: El cerebro es plástico, cuando hay una lesión cerebral,
hay partes de ese cerebro que pueden adoptar la función de esa parte lesionada
y substituirla. Esta capacidad es muy elevada en la infancia, disminuye con la
edad adulta, y se va perdiendo en la vejez, pero aún tenemos esta capacidad
residual. En el demente esta capacidad es muy pequeña, casi nula, por eso
cambiamos el término de rehabilitación con el de estimulación para mantener
durante el máximo tiempo posible las conexiones todavía preservadas, que suponen el sustento
de las capacidades de las que el enfermo dispone y vamos a intentar potenciar
para frenar, o más bien, ralentizar el proceso de deterioro.
Representación redundante: Los ámbitos o funciones cognitivas no están
representados o localizados en una única área o zona del cerebro, sino que son
fruto de varias interconexiones entre diferentes formas del mismo, y esto es lo
que vamos a potenciar si sabemos la localización de la lesión o la zona más
afectada, intentaremos
potenciar aquella otra zona del cerebro que pueda realizar la misma función.
Restitución farmacológica: Aprovechar el beneficio del fármaco para rentabilizar al
máximo nuestra intervención.
Para obtener el máximo
beneficio de la estimulación, hay que organizar las diferentes técnicas o
estrategias para llevarla a cabo en un plan de estimulación en el que se
contemple el nivel de deterioro del enfermo y también las idiosincrasias
propias de cada individuo de forma que sea lo más personalizado posible
(tenemos que tener en cuenta que las demencias y la enfermedad de Alzheimer
supone una importante variabilidad interindividual). Para ello, antes tendremos
que realizar una valoración cognitiva y tras ella, podremos elaborar el mapa de
capacidades que nos guiará en el establecimiento del plan de estimulación de
cada persona.
Las diferentes técnicas o
estrategias con las que contamos para llevar a cabo la estimulación son:
Reminiscencia: Como una forma
de reactivar el pasado personal y, de esta forma, mantener su propia identidad;
no únicamente se trabaja con experiencias personales o autobiográficas, sino,
también se rememoran hechos generales de la historia común.
Terapia cognitiva: Es una
intervención terapéutica con fines estimuladores de la capacidades cognitivas
tales como memoria, lenguaje, praxias, gnosias, funciones ejecutivas, atención,
razonamiento abstracto y cálculo y además, potencia el efecto de los fármacos
aplicados en cada caso.
Musicoterapia: Es una técnica
de estimulación que usa la música como instrumento principal en el trabajo de
habilidades cognitivas y sociales, de forma que ofrece vías alternativas de
comunicación y también de expresión corporal, lo cual beneficia la
sociabilidad de la persona enferma.

Terapia de validación: Es una
forma de comunicación que busca la empatía con el enfermo, de forma que no
tratemos de contradecir, ni re-orientar, sino simplemente entender y empatizar
con la situación que en ese momento este viviendo, sea real o no.
Técnicas de fisioterapia
basadas en la movilidad articular global y el establecimiento de parámetros
físicos básicos, tales como el tono muscular, el equilibrio, la marcha y la
movilidad.
Hay que destacar que ninguna
de estas técnicas es válida si no se ajustan al mapa de capacidades preservadas
del individuo. Además de la necesidad de revisión de los planes de estimulación
individuales de forma que se ajusten al momento evolutivo de cada persona; de
ahí la importancia de las sucesivas re-evaluaciones y del seguimiento de cada
uno los planes para optimizar su eficacia en cada enfermo y familia que lo
reciba.
Karina García Rico
Miembro
del Comité de Expertos de FEVAFA
Psicóloga Clínica –Neuropsicóloga
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